sábado, 14 de marzo de 2020

He is the one. The only one.

Why do I love him?
I love him because
I know him too well.
For me, 
he is so predictable.
I know his next words 
when we tease  
or which days 
he will be 
home late. 
I know how he 
will fix his hair 
before seeing him 
or how many kisses 
I will receive by lunch. 
I love him because
he knows me too well.
He knows me better 
than I know myself.
He always knows where 
to find my keys 
when I lose them 
(this happens 
far too often)
He always can tell 
when I'm angry, 
sad or simply tired 
just by looking 
at my face.
I love him because
he makes me feel safe.
I've always questioned 
everything 
that surrounds me.
But with him,
I have no fears,
no doubts,
no insecurities.
The only thing 
I really care about
is loving him
and letting him love me.
I always thought that 
I was hard to love.
But he makes it seem 
so easy, 
so right, 
so perfectly fine.
That is why I love him. 
That is why I know 
he is the one.

— m.f. // He is the one. 
The only one.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Libertad

Siempre fuiste libre de dejarme 
y largarte sin importar 
lo que estabas perdiendo. 
Pero también eras 
libre de quedarte 
y seguir luchando 
por mí cada día, 
por nosotros.
Eras libre de besarme 
hasta hincharme los labios. 
Pero también eras libre 
de besar otras bocas 
y no regresar nunca más. 
Eras libre de conocer 
cada uno de mis defectos
y llegar a enamorarte de ellos. 
Pero también eras libre 
de buscar ser feliz en algún 
otro lugar lejos de mis errores. 
Eras libre de acomodarme 
un mechón de cabello 
mientras yo te cantaba 
en algún bar.
Pero también eras libre 
de irte tomado de la mano
de la primera persona 
que te hiciera segunda.
Eras libre de sentarte 
a escuchar cada una 
de mis anécdotas. 
Pero también eras 
libre de ignorarlas 
al no soportar que hubiera 
una historia antes de ti.
Eras libre de escribirme a 
cualquier hora, 
de buscar 
cualquier pretexto 
y preguntarme 
cualquier cosa. 
Pero también eras 
libre de mandarles 
te extraños, 
te quieros 
y te deseos 
a otras personas. 
Eras libre de contarme 
lo que no te dejaba dormir 
durante la noche 
o quedarte conmigo 
sin dormir toda la noche
Pero también eras libre 
de aislarte, 
de callarte 
y guardarte 
todo eso que sentías.
Eras libre de borrarme 
de la faz de la tierra, 
de seguir con tu vida 
como si yo no existiera
y olvidarte de mí
Después de todo, 
siempre fuiste libre 
de hacer lo que se te 
diera la regalada gana. 
La gente suele creer que 
la libertad es poder irse. 
Pero permanecer 
también es una elección. 
Y por supuesto que siempre 
fuiste libre de dejarme. 
Pero también 
eras libre de quedarte,
aunque siguieras pensando 
que sería mucho más fácil 
largarte para siempre 
mientras te levantabas 
por la mañana 
me dabas un beso 
apresurado y de salida.
Y es que, 
tú siempre creíste 
que la libertad era no estar. 
Y yo sigo creyendo 
que la libertad es elegir 
a qué nos encadenamos.

— m.f. // Libertad

lunes, 28 de octubre de 2019

El destino

El destino no es algo escrito, 
es algo que se reconoce, 
que llega un día sin esperarlo. 
Por ejemplo, 
cuando yo te vi 
supe inmediatamente 
que me enamoraría de ti
Pero al no ser una ciencia exacta, 
no podía saber 
si tú me querrías también, 
si se daría algo entre nosotros, 
si terminaríamos haciéndonos daño o no. 
Tampoco podía adivinar si tu tacto 
sería suave o áspero, 
cómo sería el sabor de tus labios 
o si después de muchos altibajos 
terminarías cansándote de mí, 
de mi malhumor y 
mis comentarios fuera de lugar
o si yo terminaría renunciando 
a lo adictiva que parecía 
la incertidumbre a tu lado. 
Porque en efecto, 
el destino no está escrito en piedra. 
Es sólo una fuerza que nos junta o separa 
y nos hace chocar contra 
lo que la vida nos tiene preparado. 
¿Qué hubiera pasado si aquél día 
no hubiera volteado yo a tu dirección
¿o si algún imprevisto te hubiera impedido 
llegar a ese encuentro que nadie planeó? 
De todos los lugares en los que podía estar, 
estuve en el preciso momento 
para verte suceder frente a mí, 
qué maravilla, 
qué fortuna. 
El destino es caprichoso, 
sí, pero quién no. 
El destino es inevitable, también, 
pero somos nosotros los que decidimos 
adentrarnos a lo que nos tiene preparado 
o simplemente ignorarlo. 
Entre todas esas cosas 
que ya me sé de memoria,
desde que te conocí, 
mi regla número uno es 
siempre aceptar lo inesperado.

— m.f. // El destino