domingo, 26 de agosto de 2018

Miedo

Tengo miedo. 
Porque una parte de mí sabe que esto no durará 
y que no funcionaremos, 
pero no sabes cuánto me gustaría equivocarme. 
Y es que cuando te miro, 
no puedo evitar preguntarme cómo te verás con barba. 
Porque estoy segura que cuando tengas cincuenta años 
y se te empiece a caer el cabello, 
dejarte la barba te parecerá la mejor idea del mundo. 
Algunos días despierto preguntándome cómo besarás en veinte años. 
Si seguirás siendo tentativo como lo eres ahora 
o si serás más sabio, 
más firme. 
¿Cómo tomarás tu café? 
¿Será un latte o un espresso? 
¿En treinta años la vida te habrá amargado 
o te tendrá riendo como un niño recién nacido? 
Me pregunto si serás de esos empresarios de mediana edad 
que leen el periódico en la banca de algún parque. 
O si vivirás en un pequeño departamento en el centro de alguna ciudad, 
sobreviviendo de cereal y jeans rotos. 
Olvídate de tantos años, 
quiero verte en cinco. 
¿Vivirás en una gran ciudad como lo prometiste? 
¿Habrás viajado por todo el mundo 
y aprendido a tocar la guitarra? 
Me pregunto si empezarás a leer 
y a apreciar la poesía y el arte. 
Prométeme que llamarás, 
aunque sea simplemente para discutir un nuevo libro. 
¿Seguirás escuchando la misma música? 
¿Tendrás una etapa de rock pesado? 
Lo dudo bastante. 
Me pregunto si te preguntarás por mí. 
Y es por eso que tengo miedo. 
Porque te tengo aquí, 
junto a mí. 
Y ya te extraño. 
¿Cómo me sentiré cuando te vayas de verdad?
Tengo miedo de que ese día llegue. 
Miedo de que mi familia y mis amigos agreguen tu nombre a esa lista de cosas 
que nunca deben mencionar enfrente de mí. 
Y es que a veces, 
cuando me besas con la radio a todo volumen, 
me pregunto si odiaré esa canción el próximo verano. 
Ayer te miré e intenté calcular la probabilidad de que esto funcione. 
Lo mejor que pude conseguir fue un 50/50. 
Y eso siendo optimistas. 
Así que sí, 
tengo miedo. 
Pero no hay nadie más con quien preferiría tenerlo, 
sólo contigo.

— m.f. // Miedo

martes, 21 de agosto de 2018

You never understood my language

Some people 
just can't date writers. 
There are some people 
who will be fascinated 
by the way you can 
string words together, 
how you find beauty 
in the little girl 
who lost her hat 
to the wind at the park, 
how you hand write 
every letter 
and mark the sad parts 
with tears, 
how you close the envelope 
with ink stained wrists. 
But there are some people 
who will look at you 
like you have lost 
your fucking mind. 
There are some people 
who will lose patience 
in your bedside lamp 
turning on and off 
late at night 
as you scribble words 
on a receipt. 
Some people 
will trip over your 
crumbled papers 
and chewed pens 
with a sigh of annoyance. 
These people 
will take you 
by the wrists 
and say, 
"God dammit 
can't you just drink 
the fucking coffee 
without trying to 
write a love letter 
with the cream 
and sugar?"
Some people 
just can't date writers.
Some people 
don't deserve to.

— m.f. // You never understood my language

domingo, 12 de agosto de 2018

El vicio más fuerte que he tenido

Y no, 
no me arrepiento 
de haberte conocido 
ni de haberme 
enamorado de ti. 
No me arrepiento 
de los momentos 
ni de todo el tiempo que 
le dediqué a lo nuestro. 
No me arrepiento 
de nuestra historia 
ni del final que tuvo. 
Y sí, 
eres el vicio 
más fuerte que he tenido 
y la dependencia 
que más trabajo 
me ha costado dejar. 
Por eso a veces 
creo que tenemos 
derecho a recaer, 
aunque sea 
sólo por un momento. 
Por eso a veces 
no puedo evitar pensar en ti 
y tener esas ganas 
de llamarte 
o de escribirte algo. 
Pero te equivocas si piensas 
que estar juntos fue un error. 
Fue caótico, 
desastroso 
y desordenado. 
Eso sí, 
pero no un error. 
Nunca un error. 
Y si sigues repitiendo 
lo mucho que ahora me odias, 
voy a tener que empezar 
a quererte de nuevo. 

— m.f. // El vicio más fuerte que he tenido