miércoles, 2 de diciembre de 2015

Carta a mi ex #1

Querido…
No, querido no, porque ya no te quiero. Ya no. Seguramente verás esto como otro de mis tantos momentos dramáticos (si es que me sigues leyendo). Sé que probablemente lo tomarás, por tu enorme y detestable ego, como algún intento para recuperarte. Como si verdaderamente me quedaran motivos para quererte de regreso en mi vida.
¿Sabes cuántas veces ignoré lo que mis amigas me decían? Y encima tú y yo parecíamos la pareja perfecta. Hace meses nos volví a ver ahí, mientras borraba cada una de las fotos que teníamos juntos y viéndolo desde esta nueva perspectiva, creo que esas fotos eran lo que me mantenían tranquila al decirme a mí misma: “Míranos, nos vemos tan felices”. No lo éramos.
¿Y cómo iba a esperar que me quisieras? Si ni siquiera te querías a ti mismo. Intenté, dejando mi orgullo a un lado y buscando siempre el lado positivo, intenté que lo nuestro funcionara. No me daba cuenta de que ni una sola vez me pusiste a mí por encima de todo lo demás. Y qué ingenua era yo, por pensar que algún día cambiarías. Quizás eso fue justo lo que me costó trabajo perdonarte. Me hiciste esperar algo que no vendría, seguiste conmigo, estuviste conmigo.
Te era muy fácil volver a mi lado para sentar cabeza, para sentir que alguien en serio te esperaba y se preocupaba por ti. Aún tengo presentes todas esas cosas que hice por ti, todas esas cosas que te di. Pero a decir verdad, cada detalle lo sentía como un deber. Al final a mí tampoco me quedaba más amor para darte.
Ya ha pasado casi un año, casi un año sin tener que encontrarme contigo, verte a los ojos, tenerte cara a cara y fingir que me creía todas tus mentiras, sólo para no discutir. Sonreír a tus comparaciones, sonreír y asentir “Es cosa de hombres”. Todos dicen esa clase de tonterías, todos son así. Fingir que tus besos no me sabían raros, o que aún en ellos existía ese 'algo'.
Tal vez en nuestra relación tú fuiste el que quiso más, pero eso no hizo que dejaras todos esos estúpidos miedos a un lado; y yo, en cambio, afronté el mayor de los míos al alejarme de ti. Y sin embargo dejarte significó que al menos uno de los dos se hartó de ser tan cobarde. 
Quiero que sepas que he cambiado, he madurado, ha pasado tanto tiempo desde que no te recuerdo (ni con rencor, ni sin él). Saliste de mi vida. No para “dejar entrar a alguien mejor”, sino para sacar lo que ya no cabía. No cabían más lágrimas, no cabía más tristeza, no cabían más peleas, no cabías más tú. 
Ya no te guardo rencor, ya no te guardo nada, ya no existe nada tuyo en mí. Me desintoxiqué de ti de la manera más pura, más simple y más sana que existe. Ahora incluso echo un vistazo al pasado, y te agradezco el haberme dado la oportunidad de crecer. Abandonarte a ti y a todas esas cosas que no me lo permitían. Porque irónicamente, debilitándome, me hiciste más fuerte de lo que creí llegar a ser. 
Sé que hace poco has vuelto a preguntar por mí, que qué ha sido de mi vida. Seguramente todo mundo te ha dicho que estoy bien, pero quiero confirmártelo yo misma: Estoy muy bien, gracias. He hecho de todo, he viajado, he experimentado, me he equivocado, he visto, he leído, me he caído, me he levantado, he entendido, he buscado, he aprendido, he vivido,  me he perdido y me he encontrado, pero he sido yo misma. 
He conocido, deseado, odiado, besado, admirado, sentido, escuchado y querido a muchas nuevas personas, algunas se han ido, otras se han quedado. Y no te voy a mentir, de una en especial siento que me he enamorado, e insisto, más que aquel mito del “alguien mejor”, simplemente no se me ocurriría compararlo contigo.
Sin amor, M.



— m.f. // Carta a mi ex #1


lunes, 30 de noviembre de 2015

¿Cómo puede explicar la ciencia esto?

Puedes recitar perfectamente los primeros dieciocho dígitos de Pi
pero cuando alguien te pregunta
por qué sigues tarareando su canción
te pones pálido y te quedas callado
por demasiado tiempo.
Has estado toda una noche
intentando descifrar qué tan rápido iba el tren
una hora después de que ella te había dejado,
partiendo desde la estación
en dirección hacia el suroeste
mientras comenzaba a anochecer
a las 6:32 en punto.
Su cara y tu corazón iban haciéndose
pequeños a la distancia,
mientras el tren iba a una velocidad constante
que se convirtió en eco bajo las plantas de tus pies.
Si la distancia entre dos personas es dividida
entre lo mucho que quieres pedirle perdón y multiplicada por
como nunca tendrás las palabras correctas para decirle
lo terriblemente arrepentido que estás,
¿qué tipo de poema le escribirías?
¿cuál sería la dirección de todas esas llamadas, cartas y mensajes
que hiciste pero que nunca
mandaste? ¿cuánto dinero
(en consumo de gasolina) se necesitaría
para pedirle una segunda oportunidad?
¿y si tú [A] te aparecieras en su [B] puerta
y descubrieras que [C] ella ya no te quiere?
Respuesta en el temblor de tus labios
y en el dolor de tu pecho por todo el amor que le tienes.
¿Qué tanto queda de ti? Respuesta en fracciones,
respuesta en la luna creciente de tus uñas
excavando en la suavidad de su espalda, respuesta en
lo vacío que se ha sentido últimamente todo tu cuerpo.
Ella era tu todo, ella era cada átomo, cada estrella
y cada palabra que has aprendido,
todas bailando en una armonía que hizo
que empezaras a creer en la magia.
¿Cuál es el doceavo elemento de la tabla periódica?
¿De qué está hecho el brillo de sus ojos?
¿Qué invento permitió que existiera el Internet?
¿Tus manos seguirían frías 
si no se hubieran encontrado con las de ella?
¿Dónde y cómo surgió la vida?
¿Había vida antes de escuchar su nombre?
¿La vas a recuperar? ¿La puedes recuperar?
Comprobar: esta vez va a ser diferente.
Comprobar: vas a estar para ella como se lo merece.
Tesis: si corres lo suficientemente rápido, cuando llegues
te va a faltar el aliento para decir lo que ella necesita escuchar,
pero podrá notar mediante tus pies cansados y
el dolor en tus ojos 

que desde que ella se ha ido,
todo lo demás ha muerto.


— m.f. // ¿Cómo puede explicar la ciencia el nudo 
que se siente en la garganta cuando lo único 
que quieres es estar con esa persona? 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

¿Así es como se siente la felicidad?

Cuando ella está feliz, baila con él en la cocina hasta que amanece, y su boca encuentra lugares que él ni siquiera sabía que existían. Ella se ríe como si todos los secretos del mundo estuvieran en sus manos y parece que nada de lo que él dice es lo suficientemente serio.
"Dime que me amas, dime que te quieres quedar aquí para siempre."
Le suplica mientras envuelve sus piernas alrededor de su cintura y lo acerca hacia ella; lo suficientemente cerca como para olvidar a la última, y a todas las que estuvieron antes que ella.
"Está bien," le susurra él, siendo tanto un acuerdo, como una súplica para que se tranquilice un poco.
Pero cuando ella está feliz no hay nada que la tranquilice, eso él ya lo sabe. Sus manos encuentran las de él y después su cuello, su cabello, su pecho. Acarician su piel hasta que no siente nada más que las delgadas puntas de sus dedos trazando mapas en su cuerpo.
"Dime que me amas." Repite.
"Te amo," le contesta él y le dan ganas de gritárselo al mundo. "Te amo. Te amo con todo mi corazón," nunca había sentido algo parecido.


— m.f. // Fragmento de un libro que tal vez escriba #4
// ¿Así es como se siente la felicidad?